Miedo
Tengo miedo de los hombres.
No de uno. De todos.
De sus miradas largas, de sus cuerpos que ocupan más espacio del necesario, de sus comentarios disfrazados de halagos.
Tengo miedo cuando se acercan demasiado, cuando caminan detrás mío, cuando no dicen nada, pero tampoco se apartan.
Tengo miedo del poder que tienen en sus manos, de cómo una broma puede volverse amenaza, de cómo un gesto mínimo puede hacer temblar todo mi mundo.
Tengo miedo y eso me da rabia.
Porque no quiero vivir así.
No quiero mirar a todos como posibles agresores, no quiero tener que calcular cada paso, cada ropa, cada palabra.
Pero hoy el miedo me habita.
Me habita como un huésped no invitado, como una sombra que se esconde detrás de cada esquina.
Y no sé cómo sacarlo aún, pero sé que no me lo merezco.
